El 2-2 deja un poso de insatisfacción por las formas y por las posibles consecuencias clasificatorias en la lucha por los puestos de Champions League
Han pasado ya unos días desde el pitido final de De Burgos Bengoetxea e imagino que el bético sigue bastante enfadado con el resultado del domingo. Pero, si lo analizamos con frialdad, el enfado no se debe tanto al resultado como a las formas. Es decir, en un derbi sevillano, y el que escribe ya lleva bastantes encima, pueden pasar muchas cosas que hacen que el resultado final no sea el lógico. Desde decisiones arbitrales difíciles de entender (y de esas, en contra, hemos vivido muchas) a errores de planteamiento o lances propios del deporte (por ejemplo, una expulsión). El problema es que, en este caso, nada es achacable a esos imponderables que hacen que el fútbol sea tan atractivo.
Algunos se escudarán en que el gol del eterno rival nace de una mano inexistente señalada por el trencilla. Es cierto que De Burgos, que a mí me parece un buen árbitro, se equivoca (como ex-árbitro me cuesta entender que alguien señale una falta que no puede ver y que, por tanto, no ha visto), pero también es verdad que unos minutos antes podía haber expulsado a Antony.
No, lo del domingo se vio venir durante toda la segunda parte y, además, fue como un dèja vu de lo que que vivimos solo una semana antes con la visita del Rayo. Es decir, me pongo por delante en el marcador y bajo la presión a lo que hoy día se llama bloque medio con la intención de coger al rival a la contra. Pero, casi por inercia, el equipo se mete más atrás (hoy día bloque bajo) y permite al rival que domine el juego y, sobre todo, las segundas jugadas. La cuestión es que a base de balones colgados sin aparente peligro, dos equipos con muchas limitaciones creativas (especialmente el rival del domingo que, además, era muy previsible) generan una sensación de ataque continuo y, en la primera ocasión que tienen, te marcan.
La pregunta que queda en el aire es, ¿qué le pasa al equipo tras ponerse por delante? ¿Por qué no mantiene la mezcla de presión en bloque alto y bloque medio? En mi opinión es más una cuestión psicológica, como dice Pellegrini, que física (aunque, antes que de Altimira, yo hubiese tirado de Deossa. Ojo, que Altimira no estuvo mal, pero Deossa tiene la virtud de no perder la pelota y generar faltas que desesperan a un rival que busca el empate, caso del Elche en Copa. Pero hablar a posteriori es fácil). Sin duda, el duelo de Copa con el Atlético de Madrid fue doloroso, pero también provocó ciertas dudas en el ideario del ingeniero y, sobre todo, en la fe del grupo a la hora de presionar. Todos echamos de menos a Isco, pero, en mi humilde opinión, ahora mismo, la ausencia que más se nota es la de Amrabat. No es lo mismo ir arriba sabiendo que detrás tienes al turco, que a Marc Roca. El 21 no es un pivote defensivo puro; tiene brega y calidad, pero esta solo se ve cuando va acompañado de un Guido o un Amrabat.
En definitiva, lo que duele al bético no es ya empatar un derbi que vas ganando 2-0. Lo que enfada es ver que tras estas dos semanas deberíamos estar a cuatro puntos de Villarreal y Atlético de Madrid, no a ocho, y no sufrir la presión de un Celta que se pone a tres (por cierto, esto es un claro signo de crecimiento).
Ahora bien, tengo tan claro que el bético está enfadado como que ya está preparado el desembarco de este fin de semana en Madrid, pues el próximo domingo toca el Getafe de Bordalás, un rival similar a los anteriores… Esperemos no cometer los mismos errores.